Tras un agradable primer encuentro, aquel duque apareció en la mansión dispuesto a pedir la mano de Cían, aceptando cualquier condición para casarse con él.
El padre de Cían, consciente de las terribles maneras en que esa mentira podía salir mal, pero guiado por la sinceridad e interés que expresó el duque, creía firmemente que ese Alfa podría llegar a enamorarse de Cian tan profundamente como para no darle importancia al secreto que se revelaría en un futuro.
No obstante, ninguno de los involucrados imaginó que las circunstancias cambiarían drásticamente, se vieron forzados a adelantar el matrimonio y ambos estaban de acuerdo con ello, aunque no se habían conocido más allá de los cortejos y el inocente romance que se originó en los últimos meses.