En malayo, amok es la palabra que designa un arrebato de furia homicida, una carrera ciega que ya no admite retorno. Bajo ese signo se abre la confesión de un médico europeo destinado en las colonias del sudeste asiático. Un hombre aislado, degradado por el alcohol y el clima, con cuentas pendientes con la justicia, con su profesión y consigo mismo. A bordo de un gran vapor que avanza hacia Europa, su relato febril reconstruye el instante en que su vida se quebró para siempre.
Amok (1922) es una de las narraciones más intensas y perturbadoras de Stefan Zweig. Bajo la apariencia de un relato exótico, el autor explora los abismos del deseo, el orgullo y la autodestrucción con su habitual maestría psicológica. En la elegante traducción de María Luz Morales, esta historia despliega toda su atmósfera sofocante y su tensión moral.
Stefan Zweig (1881-1942) nació en Viena en el seno de una familia de la gran burguesía judía. Con apenas veinte años comenzó a colaborar en el diario más importante de su país, publicando cuentos, artículos literarios y reportajes de viaje. Estudió en Austria, Francia y Alemania antes de establecerse en Salzburgo en 1913. La catástrofe que supuso la Primera Guerra Mundial afianzó sus convicciones pacifistas y antinacionalistas y así lo reflejó en su obra. En 1934, empujado al exilio por los nazis, emigró a Inglaterra y, en 1940, a Brasil, pasando por Nueva York. En su nuevo entorno, solo encontró una creciente soledad y la sospecha de que el terror totalitario y la sinrazón triunfarían en el mundo entero, por lo que se suicidó junto con su segunda esposa en febrero de 1942. Zweig lleva siendo un auténtico best seller desde los años treinta del siglo pasado hasta nuestros días y su obra ha sido traducida a multitud de idiomas.